Aprovechando un receso que nos da el incierto clima, y con tan solo ver asomar unos pocos rayos de sol en un descanso dominguero, teléfono en mano puse de acuerdo a mi familia y organice un paseo hacia el municipio de Silvia.
Este paraíso, se encuentra a un costado de la carretera panamericana viajando desde Popayán hacia Cali (y viceversa). Para llegar a él se debe atravesar el municipio de Piendamó, famoso por su tradicional Pollo al Limón (Hace varios meses ya comente al respecto). Aquel día el tráfico estaba más pesado que de costumbre, sumado a una impresionante romería de propios y foráneos hacia la parte alta del pueblo, producto de la presencia de don Jorge Barón y su Show de las Estrellas.


Silvia es denominada como la Suiza de América, por su clima, sus paisajes, y algunas construcciones que asemejan las empleadas en los Alpes europeos. Históricamente ha sido tierra de descanso para los calentanos del Valle del Cauca, y en algún momento fue famosa por ser punto de encuentro de varios mafiosos. Su territorio es habitado en su mayoría por la etnia de los Guambianos, aquellos de donde provino el primer gobernador indígena de Colombia, Floro Alberto Tunubala Paja (2001 – 2003).
En la cabera municipal se puede visitar la iglesia, comprar artesanías, disfrutar del típico plato de trucha silviana o el famosísimo pan de gloria (Panadería ubicada al lado izquierdo de la iglesia), pero lo mejor de todo es adentrarse en montañas para recorrer Guambia, la zona indígena. En el parque principal se consiguen guías turísticos que se ofrecen para darnos a conocer la riqueza de la región, a bordo de buses, chivas o camperos. Una vez hecha la negociación, el guía nos enseña algunas palabras básicas. Voy a escribirlas de la forma en la que las entiendo, pero no sé si la grafía empleada sea la correcta:
Los guambianos poseen un atuendo muy característico, botas grulla (amarillas o negras), anaco (morado o negro): que es una gran tela que tanto hombres como mujeres se enredan de la cintura para abajo, ruana, y un sombrero rechiquito que a duras penas alcanza a medio entrar en la cabeza. Las mujeres transportan a sus hijos cargados sobre sus espaldas, asegurándolos con los famosos chumbes.
El guía nos comenta que debido al mestizaje y a la perdida de la identidad cultural, hay algunos miembros de la comunidad que se han alejado un poco de sus costumbres, situación que se repite con todas las étnias del mundo.Los paisajes son hermosos:


En su majestuosidad hay muchos sitios que son venerados por tener un significado místico para las personas.


La cebolla es uno de los principales productos de producción y comercialización agrícola.
La Amapola que culturalmente la comunidad ha empleado con fines medicinales y ornamentales.
Bueno esta imagen se repite en todas las culturas, y corresponde a las personas que sucumbieron bajo los efectos del licor, en este caso del Changuar, bebida típica de la región.
Ya de regreso al pueblo, pasamos por un sitio donde se puede tomar aguapanela caliente con pan y queso, practicar la pesca deportiva, e inmortalizarse con los atuendos propios de tan cálida y hospitalaria gente.
Bajo los efectos del changuar .
Las hacendosas mujeres (De izquierda a derecha: la tía yarima, Marisol la novia de mi cuñado, mi esposa sarita, y mi suegra doña mariela).
Tomando refrigerio, mostrando la particular tonalidad de las extremidades.

Un lindo y hermoso guambiano moderno.
Luego de este loco recorrido, nos despedimos de estas bellas tierras a la sombra de un arco iris.

Lo que más me agradó es que en todo momento nos sentimos seguros, durante el trayecto en carretera se ve la presencia de la policía y el grupo meteoro del ejército, y ya en la región los soldados del batallón de alta montaña.
Se me olvidaba decir que este recorrido fue a bordo de nuestra moto, y como bien lo dice Jorge Celedón, AKT cambio mi vida.








Nos estamos tirando el mundo, el clima está loco y se ha vuelto en cierta forma impredecible, lo que implica tomar las medidas del caso para llegar hasta nuestro destino.
Lo bueno de viajar en vehículo propio, es que se puede parar cuando uno quiera, para hacer lo que convenga.

Retomamos nuestro recorrido cerca de las 6 de la tarde, y aún nos falta la mitad del trayecto. Cuando por fin llegamos a nuestro destino, vamos a una estación de combustible para reabastecernos, respetando el turno de los que llegaron primero.
Ya instalados en la finca, compartimos con la familia y amigos los pormenores del viaje alrededor de una presa de pollo y una tasa de agua de panela caliente, para rematar la noche en una agradable fogata, donde cantamos, jugamos, nos reimos, y allí en medio de la oscuridad y silencio de la noche, nos desconectamos momentáneamente de nuestra habitual rutina.
Tan pronto se consume la leña, llega la hora de descansar, preparamos los toldillos, colchonetas, cobijas, e iniciamos ahora el trayecto hacia el reino de morfeo. Aquel día, cayó un torrencial aguacero desde las 9:30 PM hasta las 7:00 AM, y al momento del ordeño nuestro valle del patía parecía un bosque húmedo tropical.
Tan pronto amaina él temporal, llega el momento de la faena de campo.




Despues de realizar tantas labores poco habituales para un humilde intelectual citadino, y luego de haber sudado como un caballo, un justo y merecido chapuzón en el cubo de agua.


Y no faltan los animalitos que cumplen su función de limpieza pero que son el terror de las señoras.
Los buenos y malos momentos, son mucho mas llevaderos con una buena compañia, y aqui si le agradezco a la vida por darme una excelente esposa, que me apoya y acompaña en cada una de estas aventuras. Desde ya estoy planeando mi proxima salida. 



